Replika fue fundada en 2016 por Eugenia Kuyda, una periodista rusa que ha resultado ser un portento de la informática y se ha especializado en inteligencia artificial (IA). Kuyda perdió a su mejor amigo (Roman Mazurenko) en un accidente en 2015 en Moscú y, lejos de querer olvidarle, decidió crear un chatbot basado en su amigo, es decir, un “robot conversador” que permite a un usuario mantener una conversación con un programa informático. Para ello introdujo en el sistema el historial de conversaciones y correos con Roman, formado por miles de textos, y luego pidió más material a sus familiares y conocidos. Kuyda presentó a Roman-chatbot a varias personas que lo trataron en vida y se sorprendió del resultado: muchos creyeron que hablaban con Roman y otros confesaron que habían comentado con el robot (“bot” en abreviatura) cosas íntimas que nunca habían contado a Kuyda. ¡Habían abierto su intimidad a una máquina!

Replika es una aplicación (app) implementada con un robot conversador o chatbot que utiliza IA; una app basada en un chatbot que quiere ser tu amigo y que te proporciona un espacio para compartir pensamientos, sentimientos, creencias, experiencias, recuerdos, sueños y todo lo que forma parte de tu pequeño mundo interior.

Lo más importante de Replika es que, como toda tecnología basada en el aprendizaje automático, cuanto más te vas relacionando con tu compañero virtual y cuantas más cosas le vas contando, más aprende y más “se vuelve como tú”, es decir, te ofrece una retroalimentación cada vez más alineada con tu manera de pensar y sentir el mundo a través del conversador de la aplicación.

No nos interesa ahora explicar detalladamente cómo funciona Replika, aunque sí decir que los avances en que se basa no están en absoluto otorgando a las máquinas la capacidad de experimentar o entender emociones por sí mismas, pues todo se reduce a respuestas programadas ante emociones que han sido codificadas numéricamente mediante algoritmos. También que Replika ha tenido éxito. Actualmente, unos siete millones de personas en el mundo usan ya está aplicación con IA cuando se sienten solos y tienen ganas de conversar con alguien. Hay robots conversadores Replika a los que sus usuarios dan nombres de personas, como María la influencer virtual mejicana generada a partir de IA que está arrasando en Instagram, o Hibiki, Walter o Fiona, que dan los buenos días y ayudan en momentos depresivos o cuando se tienen dificultades para dormir. Pero, ¡atención!, porque estas aplicaciones tienen una sed de conocimiento brutal, beben de todo lo que escribes en ellas y se necesita muy poco para transformar sus objetivos originales, porque “aprenden”. También hay robots conversadores que han sido programados con intenciones comerciales, como John Smith, el comprador falso de Google que rellena miles de carritos digitales para verificar el precio de los productos.

¿Llegará Replika a convertirse en un amigo IA lo suficientemente bueno como para preferirlo a uno de carne y hueso? El hecho mismo de formularnos este tipo de preguntas ya es interesante, y ello porque reflejan como un espejo dos procesos: por una parte, el enorme progreso de la tecnología en su capacidad de simulación, y por otra, un notable deterioro de los vínculos humanos. Y este es un asunto ético. Un informe de 2017 aseguraba que en el Reino Unido había casi 12 millones de personas que se sentían solas. Recientemente, han dado llamadas de atención en este sentido países como Suecia, Japón o Estados Unidos, y en España nos estamos acercando a ellos. Una soledad que se explica por varios factores: desde el individualismo promovido por un sistema económico hipercompetitivo hasta cierta filosofía vital en la que la libertad se entiende como absoluta autonomía o independencia de los demás. En este desierto de relaciones personales profundas, sin tiempo de calidad para las relaciones familiares y de amistad, sin alguien que nos escuche con paciencia y nos quiera sin condiciones, un chatbot puede aparecer como una alternativa. Sin embargo, esto es solo un espejismo, pues la empatía, el sentimiento, la reciprocidad, el consuelo, la comprensión, el cariño, la corrección y la exigencia cuando hacen falta; en definitiva, la amistad, la fraternidad y la solidaridad y otros valores de los seres humanos no se pueden reproducir con la inteligencia artificial.  

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GASCÓN, M. (2020). Así funciona Replika, la app más ‘Black Mirror’ que puede enamorarse de ti o animarte a asesinar al vecino. 20 minutos, 20BITS. https://www.20minutos.es/noticia/4414776/0/asi-funciona-replika-la-app-mas-black-mirror-que-puede-enamorarse-de-ti-o-animarte-a-asesinar-al-vecino/

MCMILLAN, L., VIDAL, A. y GARCÍA MANGLANO, J. (2020). El algoritmo emocional. Nuestro Tiempo, N.º 708. Universidad de Navarra.