Reflexiones bioéticas en tiempos de pandemia.

Resumen y adaptación por de un artículo publicado por Susan D. Wolf, bioética de la Universidad de Minnesota, en The Hastings Center Report.

Ya se habla en muchos países de volver a cierta normalidad. La vacunación avanza a buen ritmo. Aunque las variantes del SARS-CoV-2 todavía generan algunos aumentos repentinos, el número total de muertos ha disminuido y las unidades de cuidados intensivos no están sobrepasadas. Se están relajando las restricciones… Todo ello es muy positivo. Sin embargo, es importante echar una ojeada hacia atrás con valentía y claridad para sacar conclusiones y aprender.

Aunque son numerosos los problemas bioéticos cruciales planteados por una pandemia como la actual, aquí solo nos fijaremos en qué defectos y conceptos erróneos ha sacado a la luz la Covid-19 en bioética. No es un ejercicio banal porque no está claro que habrá un final para Covid y desconocemos que patógeno vendrá después.

En primer lugar, pensábamos que teníamos unos protocolos de actuación adecuados para casos de una crisis como esta, pero la realidad ha demostrado que el mundo no estaba preparado, y la emergencia de la pandemia cambió la ética de la atención clínica del enfoque habitual en las preferencias y el bienestar del paciente individual a la supervivencia de la comunidad y la salvación de la mayoría de vidas. Enfrentados a una avalancha de pacientes de Covid-19, con centros de atención, departamentos de emergencia y UCIs desbordados, con cientos de miles de enfermos aislados de sus familiares, y también muertos a raudales, la bioética generó una avalancha de directrices de crisis en la pandemia, que, en definitiva, se resumen en contestar  a la pregunta ¿qué principios deben informar cualquier directriz sobre priorización en la asignación de recursos sanitarios cuando resultan insuficientes para atender necesidades graves y acuciantes? Se pensaba que las autoridades públicas o los expertos en salud tendrían claro cuándo y cómo actuar. Sin embargo, a nivel sanitario la respuesta fue individual; generosa y solidaria, pero con bastante confusión, sin coordinación y sin consenso. 

El segundo lugar, la bioética ha sostenido históricamente que la ética clínica, de investigación y de salud pública son distintas, pero la pandemia de Covid ha dinamitado esos límites. Cuando no está clara la eficacia de determinados tratamientos o medicamentos, los investigadores y los médicos se enfrentan a preguntas insolubles. Para el médico desesperado por salvar a su paciente se entremezcla de manera problemática la investigación y la atención clínica. Reconciliar la necesidad de investigación con el imperativo clínico de salvar vidas obliga a debatir cuestiones que incluyen la necesidad de ensayos controlados con placebo. En plena pandemia no hay tiempo para ello. Sin embargo, la pandemia nos haya enseñado que la  interrelación entre investigación, atención clínica y salud pública debería ser lo habitual en periodos de normalidad sanitaria.

En tercer lugar, la pandemia de Covid ha provocado una avalancha de artículos, blogs, directrices y entornos bioéticos. Las principales revistas han publicado artículo tras artículo debatiendo la asignación por edad, comorbilidades y otros factores. Los estados han recurrido a los comités de bioética para formular encuadres para la asignación de tratamientos y vacunas. ¿Cuál de estos enfoques es mejor? Responder a eso requiere investigar cómo se están aplicando dichos enfoques y qué impactos tienen en todas las partes interesadas. De lo contrario, no tenemos idea de qué está funcionando y qué está fallando. La bioética no puede detenerse en artículos de revistas y guías publicadas en los sitios web de nuestros sistemas de atención médica y departamentos de salud pública. Ese mundo está muy lejos de los pacientes que apenas pueden respirar, los residentes de hogares de ancianos en pánico y aislamiento, y el personal de las UCIs a punto de colapsar. Solo la investigación puede iluminar lo que realmente funciona. Sin esos datos caminamos a ciegas.

Por último, existe un amplio acuerdo en que la bioética debe hacer más para incluir perspectivas diversas y abordar las preocupaciones urgentes de los países y comunidades más desfavorecidas y vulnerables. Esta pandemia ha sido un curso acelerado sobre las letales realidades de la inequidad en salud. Los enfoques de la bioética consuetudinaria no resolverán los debates de esta pandemia sobre cómo asignar los recursos frente a las disparidades y desventajas estructurales de amplio alcance. Las estrategias de bioética conocidas tampoco garantizarán un acceso confiable a las vacunas en países o comunidades con un largo historial de acceso inadecuado a la atención médica y amplios motivos de desconfianza. El progreso en estas cuestiones éticas urgentes requerirá nuevas perspectivas y desarrollos.