Universidad de Pittsburgh (EE.UU.)

Por Cristina Castillo y Julio Tudela. Observatorio de Bioética. Instituto Ciencias de la Vida.

Científicos de la Universidad de Pittsburgh (EE.UU.) han utilizado cuero cabelludo de bebés abortados de manera provocada de 18 a 20 semanas, para injertarlo en el lomo de ratones vivos. La finalidad es investigar enfermedades y respuestas inmunitarias en ratones y ratas “humanizados”. Tras hacerlo, los roedores desarrollaron piel y cabello humanos. Según afirma el artículo, los investigadores también extrajeron algunos órganos internos de los bebés y los cortaron en cubitos lo suficientemente pequeños como para inyectarlos en los roedores. Los resultados han sido publicados por los propios científicos que han desarrollado el estudio, en la  revista Nature  y la financiación de dicho experimento procede de los ingresos generados de  impuestos estadounidenses a través del Instituto Nacional de Salud (NIH).

Valoración bioética

En nuestra opinión, este es un intento más de recurrir a la humanización de ciertos animales de investigación, con el pretexto de lograr determinados avances científicos.

Las dificultades bioéticas en este este tipo de ensayos son dos: La primera y más grave es la utilización de células fetales procedentes de abortos provocados como material de investigación, práctica que trataría indirectamente de legitimar el aborto.

Con ocasión de la investigación y producción de determinadas vacunas para la Covid-19 que han utilizado células procedentes de abortos provocados, hemos publicado trabajos que matizan las dificultades éticas de estos procesos.

Un segundo aspecto bioético con gran controversia, relacionado con este intento de humanización de los animales de laboratorio, es la imposibilidad de asegurar que esta humanización se restrinja exclusivamente a los tejidos de interés y que las células humanas no colonicen otros tejidos del animal no deseados entre los cuales podría estar su propio cerebro.

Aunque no fuera este el caso, hay que denunciar una vez más la utilización de células humanas procedentes de fetos abortados como un intento utilitarista de legitimar estos abortos.

Hoy existen alternativas a la utilización de las células fetales humanas para estos experimentos que no presentarían dificultades éticas.