Energías eólica y fotovoltaica.

Hoy en día, el principal desafío con respecto a la energía es cómo hacer el cambio necesario de la energía no renovable a la energía renovable. Se considera que las energías renovables son “limpias”, es decir, que su uso reduce las emisiones de carbono (CO2). Pero… ¿es realmente así? El fundador de Greenpeace España, Xavier Pastor, hoy jubilado, ha concedido recientemente una entrevista al El País en la que se manifiesta preocupado por esta deriva de determinados sectores ecologistas. «La izquierda está entrando en unas contradicciones tremendas con las energías renovables». De una parte, estos sectores defienden los objetivos de bajas emisiones, y por otra ponen cada vez más dificultades para la creación de parques eólicos y fotovoltaicos. «Me sorprende cómo la generación ecologista siguiente a la mía está luchando contra aquello que nosotros soñábamos», explica Pastor.

Ignacio Aréchaga en ACEPRENSA comenta: «No es que Pastor defienda poner estos parques en cualquier paraje natural. Más bien cree que hay terrenos rústicos hoy en desuso que podrían utilizarse con este fin, pero donde también tropiezan con oposición vecinal y de grupos ecologistas. Parece que, como ocurría con las centrales nucleares, la actitud de “no en mi patio trasero” se extiende también a las renovables. Pero esta oposición es un reflejo de las limitaciones intrínsecas de la energía eólica y la fotovoltaica, por su menor densidad energética respecto a otras fuentes. Mientras mayor sea la densidad de energía, más energía habrá disponible para acumular o transportar por volumen o por masa dados».

En el libro de Michael Shellenberger No hay Apocalipsis se hacen algunas comparaciones interesantes. sigue comentado Aréchaga. La densidad de potencia alcanzable de una central solar es de hasta 50 vatios de electricidad por metro cuadrado. Por el contrario, la densidad de potencia de las centrales nucleares y de gas natural oscila entre 2.000 y 6.000 vatios por metro cuadrado (p. 317). Por eso, los parques fotovoltaicos requieren grandes extensiones de terreno y, por tanto, tienen un impacto ambiental significativo.

El propio Pastor reconoce en la entrevista que hace falta una extensión mayor de estos parques para reducir significativamente las emisiones de CO2 y llegar al objetivo de una energía 100% renovable para 2050. «Se precisa más territorio. Un 1% o un 2% del total». Es decir, un territorio equivalente a la extensión de La Rioja o la de Navarra, según se tome uno u otro porcentaje.

A esto hay que unir el problema de que no siempre hay sol ni viento, por lo que las energías solar y eólica requieren otras fuentes que las respalden. E incluso los defensores de las energías renovables reconocen que estos ciclos estacionales no pueden resolverse con baterías, por lo que buscan otros métodos de almacenamiento.

Las bajas densidades de las energías renovables son así un problema tanto para proteger el medio ambiente como para proporcionar la suficiente energía que exige el modo de vida moderno. Si a esto se añade la necesidad de luchar contra el calentamiento global, se comprende que la energía nuclear haya visto reverdecer sus laureles. En Francia, donde el 75% de la electricidad es de origen nuclear, Macron inició su mandato con la promesa de reducir esa proporción al 50% en 2035 y de cerrar 14 reactores. Ahora acaba de anunciar que volverá a construir reactores nucleares (en forma de los llamados mini-reactores). Lo ha justificado con dos argumentos. Por una parte, se trata de preservar la independencia energética del país pagando la electricidad a tarifas razonables y sin depender del extranjero. De otra, la necesidad de afrontar el cambio climático con una fuente de energía que no emite CO2.

Para los verdes tradicionales, las centrales nucleares siguen siendo un tabú. Otros activistas medioambientales, como el citado Shellenberger, consideran que son más necesarias que nunca, precisamente para tener suficiente energía sin dañar la naturaleza.

Lo que estamos comprobando es que todas las fuentes de energía tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Es posible que futuras mejoras tecnológicas permitan decidirse por unas en vez de otras. Pero, por el momento, en lo que se refiere a la producción de electricidad, en el mix seguirán entrando tanto las renovables como la energía nuclear y el gas natural.

Sin duda no se ven las cosas igual cuando uno no tiene que dar cuentas nadie y le basta meter ruido, como es el caso de Greenpeace, que cuando se tiene que asegurar el aprovisionamiento energético del país, como es el caso de los gobiernos, concluye Aréchaga.

El desafío no es únicamente una cuestión de cambiar las tecnologías energéticas. También es una cuestión de cambiar los sistemas sociales y los hábitos de estilo de vida. Los patrones de vida dominantes, tanto individuales como institucionales, que han existido durante doscientos años en los países desarrollados tendrán que cambiar, y un cambio significativo en las fuentes de energía, su uso y la política obliga a las instituciones y personas a enfrentar problemas éticos, pues las transformaciones energéticas nunca son actividades éticamente neutrales.