Vacunas contra el COVID-19.

El suicidio asistido es legal en Alemania desde 2020. De ahí que hayan surgido organizaciones como Verein Sterbehilfe (Asociación para la Ayuda a Morir) que ofrece a la gente este servicio por una tarifa. Solo tiene usted que llamar, firmar algunos formularios, pagar para cubrir los gastos y tomar el fármaco letal. Así de sencillo y cómodo.

Todo iba a las mil maravillas hasta que llegó el Covid-19. El personal de Verein Sterbehilfe  ha trazado una la línea roja clara porque no está dispuesto a arriesgar sus propias vidas. Esta asociación  ha decidido que no ayudará a nadie a morir a menos que esté vacunado contra Covid-19 o se hayan recuperado de esa infección. Explica esta decisión en un comunicado del 19 de noviembre de 2021: “La eutanasia y el examen preparatorio de la responsabilidad voluntaria de nuestros clientes dispuestos a morir requieren cercanía humana. Sin embargo, la cercanía humana es un requisito previo y un caldo de cultivo para la transmisión del coronavirus. A día de hoy, la regla 2G que rige en Alemania (vacunados o que se hayan recuperado de la COVID-19) se aplica en nuestra asociación, complementada con medidas relacionadas con esta situación de emergencia, como PCR o pruebas serológicas negativas antes de realizar entrevistas en espacios cerrados”. Esto se entiende ¿verdad? Se trata de proteger al que administra la muerte, cuya vida sí vale la pena ser vivida.

Ignacio Aréchaga comenta en su blog: «pero una cosa es que el pasaporte Covid se exija para entrar en la vida social y otra que se imponga para entrar en la muerte. Así que resulta paradójico que una asociación dedicada a asegurar el derecho a morir exija a sus potenciales clientes un requisito de vacunación pensado para proteger la vida. ¿Dónde queda la autonomía del paciente, que siempre se invoca para justificar la eutanasia? Si nadie debe imponer a otro una prolongación de la vida que él rechaza, menos se le podrá exigir que su derecho a morir quede condicionado por la vacunación. Después de todo, si algo quiere él es morir y, en el peor de los casos, el coronavirus solo puede facilitar ese deseo. También es un atentado a la lógica. Si quieres ayuda para morir, tienes que recibir la vacuna que te protege contra la muerte. […] La alternativa a la vacunación –haberse recuperado recientemente del Covid– para poder recibir la ayuda al suicidio, no brilla tampoco por su coherencia. Equivale a decirle al paciente: si estás enfermo, primero tienes que recuperarte, para poder suicidarte. Hasta ahora los activistas de este tipo de asociaciones se han presentado como personas desinteresadas dispuestas a hacer todo lo que fuera necesario para ayudar a morir a enfermos que sufren. Ahora muestran ya las limitaciones de su dedicación al paciente. Esta retirada nos dice también algo sobre los distintos modos de acercarse al enfermo terminal. El activista que solo busca acelerar su muerte, condiciona su actuación a no correr ningún riesgo. El personal sanitario que intenta aplicarle los cuidados paliativos lo hace a sabiendas de los riesgos que corre, porque coloca el bienestar del enfermo por encima de la propia seguridad. Para dejar las cosas claras, las asociaciones pro-eutanasia deberían completar su eslogan para decir: “Muera usted con dignidad y bien vacunado”».