Señal de tráfico indicando el camino hacia la autonomía.

Michael Cook, BioEdge.

La palabra de moda que atraviesa la ruidosa controversia sobre la reciente derogación de Roe v. Wade por parte de la Corte Suprema de los EE. UU. es “autonomía reproductiva”. Este concepto se eleva sobre un pedestal como el ideal liberal por el que deberían luchar las mujeres estadounidenses. Pero hay otros puntos de vista más matizados sobre la autonomía, vistos especialmente a través de una perspectiva feminista. En una revista europea Medicine, Health Care and Philosophy, Ji Young Lee, de la Universidad de Copenhague, argumenta que: “la comprensión liberal común de la autonomía reproductiva, caracterizada por la libre elección y un principio de no injerencia, sirve como una forma útil de analizar el atractivo normativo de tener ciertas opciones abiertas para las personas en el ámbito reproductivo, especialmente en temas como el derecho al aborto. Sin embargo, esta lectura liberal de la autonomía reproductiva solo nos ofrece una comprensión ética limitada de lo que está en juego en muchos tipos de opciones reproductivas, particularmente cuando se trata de diferentes usos de las tecnologías reproductivas y la reproducción por terceros. Esto se debe a que el marco liberal no capta completamente: a) quién se beneficia de qué opciones reproductivas; b) el alcance de los riesgos y daños involucrados en diversas intervenciones reproductivas, y c) las razones por las cuales las personas se ven impulsadas a tomar ciertas decisiones reproductivas”.

Lee continúa declarando: “Considero que estos factores constituyen tres limitaciones principales del marco liberal. Esto debería proporcionarnos suficientes razones para dudar del estado de la autonomía reproductiva liberal”.

El modelo liberal de autonomía sostiene que privilegia la libre toma de decisiones. Sin embargo, una visión más sana, que Lee denomina “autonomía relacional”, tiene en cuenta los costes de la decisión y las razones por las que se toma dicha decisión. No es suficiente simplemente con tener “opciones”; también se debe examinar el contenido y las limitaciones de éstas.

Lee utiliza el ejemplo de la congelación de óvulos, un método reproductivo que permite a las mujeres tener una carrera profesional y, a la vez, experimentar la maternidad. Empresas como Facebook y Apple lo ofrecen como beneficio laboral. Pero, ¿quién se beneficia realmente, las mujeres o la empresa?

Lee concluye que los bioeticistas necesitan: “adoptar puntos de vista relacionales de la autonomía como base inicial para un debate posterior y, a partir de ahí, hacer preguntas críticas sobre la naturaleza y el contenido de la toma de decisiones reproductivas, que no se basan simplemente en las condiciones liberales de elección”.