Las personas afectadas o preocupadas por la discapacidad temen que la eutanasia y el suicidio asistido se conviertan en opciones más económicas para la sanidad pública.

Michael Cook. BioEdge.

Como sugiere el dibujo cómico de más arriba, las personas afectadas o preocupadas por la discapacidad temen que la eutanasia y el suicidio asistido (ESA) se conviertan en opciones más económicas para la sanidad pública. En un artículo publicado por el Centro de Bioética Anscombe, en el Reino Unido,  un experto canadiense en estudios sobre la discapacidad sostiene que «aunque la expansión [de la eutanasia y el suicidio asistido] ha sido motivada por el deseo de terminar con el sufrimiento y respetar la autonomía del paciente, al hacerlo hemos originado un riesgo significativo para las personas discapacitadas en un mundo que, en gran medida, ve sus vidas como menos valiosas, como un sufrimiento inevitable, y como algo que no vale la pena vivir». El profesor Tim Stainton, director del Instituto Canadiense para la Inclusión y la Ciudadanía cree que una “eugenesia silenciosa” «se vuelve más aceptable cuando se legalizan la eutanasia y el suicidio asistido». En muchos países, los niños con síndrome de Down ya están siendo abortados después de las pruebas prenatales. En Bélgica y los Países Bajos, la eutanasia neonatal es técnicamente ilegal, pero está permitida en algunas circunstancias. El profesor Stainton comenta que «un número significativo de estos casos involucran a recién nacidos con condiciones y discapacidades médicamente tratables, que no amenazan la vida».

En su trabajo, el profesor Stainton cita una encuesta reciente en la que los resultados mostraron que el 82% de los médicos en ejercicio en los EE. UU. piensa que «las personas con una discapacidad significativa tienen una peor calidad de vida que las personas sin discapacidad». Esto hace que «la práctica imparcial de ESA con respecto a las personas discapacitadas… sea muy cuestionable», escribe.

Las actitudes hacia los discapacitados ignoran lo que los expertos denominan «la paradoja de la discapacidad»: que «muchas personas con discapacidades persistentes y graves informan que experimentan una calidad de vida entre buena y excelente». Pero las personas con un sesgo capacitista, es decir, aquellos que profesan discriminación o prejuicio social contra las personas con discapacidad, no pueden apreciar eso.

Para volver al mensaje de la caricatura, el Profesor Stainton escribe que «Una preocupación clave de las personas con discapacidad es que muchas de ellas buscarán acceso a ESA, porque no pueden obtener el grado o los tipos de apoyos y adaptaciones que precisan para llevar una vida plena, valiosa y significativa».