¿Contribuye al bienestar físico y mental ser una “buena persona” y tener un  buen carácter, reflejo de una conducta moral firme y coherente?

Con relativa frecuencia hemos oído argumentar, o hemos comprobado, que ser una “buena persona” y tener un  buen carácter, reflejo de una conducta moral firme y coherente, contribuye al bienestar físico y mental. Sin embargo, hay muy pocos datos empíricos que confirmen esta percepción. Dorota Weziak‑Bialowolska, Matthew T. Lee, Piotr Bialowolski, Ying Chen y Tyler J. Vander Weele, investigadores de la Universidad de Harvard, han llevado a cabo un estudio, recientemente publicado en la revista Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology en el que informan que las fortalezas del carácter moral contribuyen al bienestar físico y mental individual y, muy probablemente, social.

Previo consentimiento informado, el estudio se realizó en base a datos observacionales obtenidos mediante encuestas (autoinformes), combinados con datos de los seguros médicos de 1.209 adultos empleados de una gran organización de servicios de los Estados Unidos, cuya edad media fue de 43,5 años en la muestra frente a 45,6 en la población. Los resultados se obtuvieron mediante pruebas estadísticas apropiadas y una serie de análisis de sensibilidad, que proporcionaron evidencias de la solidez de las inferencias. Los resultados obtenidos fueron los siguientes:

Las personas que viven sus vidas de acuerdo con la “brújula moral” tienen probabilidades sustancialmente más bajas de depresión. En el contexto de este trabajo, se entiende por “brújula moral” la motivación que mueve a una persona buena a actuar correctamente, que está en su interior, en su corazón.

Aquellos que actúan para promover y hacen el bien, muchas veces a sus expensas, aunque simultáneamente enfrenten dificultades reales, así como aquellos que realizan actos de bondad, tienen autoinformes posteriores más altos de salud física y mental, así como menor probabilidad de depresión, que aquellos cuya conducta no se rige por normas morales bien definidas y coherentes.

Aquellos que emplean su conducta moral firme y coherente para ayudar a otros en la vida diaria manifestaron un menor riesgo de depresión y una mayor salud mental y física autoinformada, así como un menor riesgo de una enfermedad cardiovascular.

Se observó que el papel protector de la gratificación retrasada, es decir, poder siempre renunciar a algo de felicidad ahora por una mayor felicidad más adelante, estaban estadísticamente más protegidos contra la depresión, posiblemente también la ansiedad, y dieron autoinformes más altos de salud física.

En una entrevista con The Harvard Gazette, la autora principal, la doctora Weziak-Bialowolska, observó que la política pública y los ideales personales se alinearon por casualidad. «Pensé que es maravilloso saber que cuando soy un mejor ser humano puedo contribuir a mejorar el bienestar de los demás, pero también, muy probablemente, de mí mismo».