Pandemia mundial del COVID-19.

Por ACTA SANITARIA.

En el informe de la Comisión Covid-19 de The Lancet «Las lecciones para el futuro de la pandemia de Covid-19″, esta revista científica califica «tanto de profunda tragedia» como de «fracaso global masivo en múltiples niveles» la respuesta ofrecida ante la pandemia, dado el «asombroso número de muertos».

Según los datos estimados ofrecidos por el Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud (IHME) a lo largo de este documento, en relación con las infecciones y los fallecimientos por el SARS-CoV-2, a 31 de mayo, hubo 6,9 millones de muertes reportadas y 17,2 millones estimadas por la Covid-19 en el mundo.

En su análisis de la situación y sobre las reacciones a esta emergencia sanitaria, el citado informe indica que «demasiados Gobiernos no se han adherido a las normas básicas de racionalidad institucional y transparencia, demasiadas personas, a menudo influidas por la desinformación, han faltado al respeto y protestado contra las precauciones básicas de Salud Pública, y las principales potencias del mundo no han colaborado para controlar la pandemia».

Esta acusación de The Lancet se fundamenta en «los múltiples fallos de la cooperación internacional», entre los que enumera «la falta de notificación oportuna del brote inicial de Covid-19; retrasos costosos en el reconocimiento de la vía crucial de exposición en el aire del SARS-CoV-2, el virus que causa la Covid-19; y en la implementación de medidas apropiadas a nivel nacional y mundial para frenar la propagación del virus»; así como «la falta de coordinación entre los países con respecto a las estrategias de supresión».

Actuación de los Gobiernos

A su vez, este documento apunta a «la incapacidad de los Gobiernos para examinar la evidencia y adoptar las mejores prácticas para controlar la pandemia, y gestionar los efectos económicos y sociales de otros países; el déficit de financiamiento global para los países de bajos y medianos ingresos (LMIC), según la clasificación del Banco Mundial; y la falta de garantía de un suministro mundial adecuado y una distribución equitativa de productos clave, incluido el equipo de protección, diagnósticos, medicamentos, dispositivos médicos y vacunas, especialmente para los LMIC».

También, la perspectiva de situación global sobre la pandemia indica como errores «la falta de datos oportunos, precisos y sistemáticos sobre infecciones, muertes, variantes virales, respuestas del sistema de salud y consecuencias indirectas para la salud; la aplicación deficiente de los niveles apropiados de regulaciones de bioseguridad en el período previo a la pandemia, lo que aumenta la posibilidad de un brote relacionado con el laboratorio; la falta de lucha contra la desinformación sistemática; y la falta de redes de seguridad globales y nacionales para proteger a las poblaciones en situación de vulnerabilidad».

Este informe de la referida Comisión tiene como objetivo contribuir a una nueva era de cooperación multilateral basada en instituciones sólidas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para reducir los peligros de la Covid-19, prevenir la próxima pandemia y permitir que el mundo logre los objetivos acordados de desarrollo sostenible, derechos humanos y paz que los Ejecutivos se comprometen a perseguir como miembros de la propia ONU.

Con esta premisa de base, la mencionada revista envió este informe a los Estados miembro de la ONU, las agencias de la misma y las instituciones multilaterales, y los procesos multilaterales como el G20 y el G7, con el fin de «proponer guías para fortalecer el sistema multilateral para hacer frente a las emergencias mundiales y lograr el desarrollo sostenible».

Guías para fortalecer el sistema

Así, la sección 1 del citado documento de esta Comisión proporciona un marco conceptual para comprender las pandemias. La 2 brinda una cronología anotada de la pandemia de la Covid-19 y hallazgos temáticos con respecto a varios temas. Por su parte, la 3 presenta nuestras recomendaciones de política, particularmente en torno a la cooperación multilateral centrada en la Organización Mundial de la Salud (OMS), para abordar las crisis de salud mundiales, y en torno a las inversiones en la preparación para futuras crisis de salud a través de sistemas nacionales de salud sólidos y cooperación financiera y tecnológica internacional con las regiones de bajos ingresos del mundo.

En las conclusiones alcanzadas por los 173 expertos que participaron en esta investigación se avanza que «el origen proximal del SARS-CoV-2 sigue siendo desconocido». Así, señala dos hipótesis principales: que el virus surgió como un contagio zoonótico de la vida silvestre o un animal de granja, posiblemente a través de un mercado húmedo, en un lugar que aún no se determinó; o que lo hizo de un incidente relacionado con la investigación, durante la recolección de virus en el campo o a través de un escape asociado al laboratorio.

Crítica a la OMS

Más contundentes se muestran los investigadores al subrayar que «la OMS actuó con demasiada cautela y con demasiada lentitud en varios asuntos importantes», tales como «advertir sobre la transmisibilidad humana del virus, declarar una emergencia de Salud Pública de importancia internacional, apoyar los protocolos de viaje internacionales diseñados para frenar la propagación del virus, aconsejar al público sobre uso tanto de máscaras faciales como equipo de protección, y para reconocer la transmisión aérea del virus».

«Cuando el brote se dio a conocer a nivel mundial, a principios de enero de 2020, la mayoría de los Gobiernos de todo el mundo fueron demasiado lentos para reconocer su importancia y actuar con urgencia en respuesta», recoge este texto. «Fueron, principalmente, los países de la región del Pacífico Occidental de la OMS, preparados por su experiencia con el síndrome respiratorio agudo severo, los que reaccionaron con urgencia al brote y que, en general, siguieron una estrategia de supresión que condujo a una mortalidad acumulada baja, aunque la variante Ómicron (B. 1.1.529) ha estado deshaciendo algunas de estas ganancias», subraya.

Este informe suma a este «fracaso global masivo» las políticas públicas, por «no abordar adecuadamente los efectos profundamente desiguales de la pandemia». En este sentido, apunta a «los grupos con una gran carga», donde se «incluyen a los trabajadores esenciales, que ya están desproporcionadamente concentrados en comunidades minoritarias y de bajos ingresos más vulnerables; niños; mujeres; personas que viven en entornos congregados, como prisiones u hogares de ancianos, especialmente para las poblaciones de mayor edad; personas que viven con condiciones crónicas y discapacidad; gente indígena; migrantes, refugiados y poblaciones desplazadas; personas sin acceso a atención médica asequible y de calidad; y personas que enfrentan las cargas de un Covid persistente».

Frente a estas críticas, la OMS considera que «desempeñó, y sigue desempeñando, un papel vital en la entrega de herramientas para la Covid-19 a los países que las necesitan, sobre todo a través de iniciativas conjuntas como ACT-Accelerator, Pandemic Supply Chain Network (PSCN) y el Grupo de Trabajo sobre la Cadena de Suministro de la ONU para la Covid-19″. No obstante, acoge con beneplácito las recomendaciones de mejora que planea la Comisión de The Lancet, entre las que se encuentran el respaldo a un acuerdo pandémico, el fortalecimiento del Reglamento Sanitario Internacional (RSI) y la mejora de la financiación.

El valor de las vacunas

En lo que respecta a la investigación científica, The Lancet pone en valor «el rápido desarrollo de múltiples vacunas», por ser «un triunfo del sistema de investigación y desarrollo, y el resultado de una larga inversión y cooperación pública y privada».

Sin embargo, matiza esta publicación que «la falta de un enfoque multilateral y coordinado por parte de los Gobiernos para gestionar los derechos de propiedad intelectual, la transferencia de tecnología, la financiación internacional, la asignación de vacunas de las empresas farmacéuticas multinacionales y el apoyo a la producción de vacunas en los países de ingresos bajos y medianos para su uso en esos países, se ha producido en un gran coste en términos de acceso inequitativo a las vacunas».