¿Cómo puedes identificarte como un gato si eres una chica?

Sara es una menor de quince años que ya no quiere ser identificada como niña, sino como un gato. El nombre es ficticio, pero ella es real y estudia en el Rye College, un colegio de East Sussex, donde sus compañeros fueron reprendidos y amenazados la semana pasada con llevar su comportamiento hasta la dirección del centro por no haber aceptado su nueva identidad, e incluso espetarle: «eres una niña». Así lo recoge el diario The Telegraph que, tras una investigación propia, detalla en un reportaje cómo están aumentando los casos de «furries»[1], o menores que se autoidentifican como animales, que exigen ser tratados como tales por su entorno, y que incluso se disfrazan. Este es el caso de un adolescente de otro colegio de Inglaterra que insiste en ser tratado como un dinosaurio, el de otro que se considera un caballo, e incluso el de una menor que afirma ser la luna.

Hasta hace algún tiempo, los rumores sobre lo que estaba ocurriendo se mezclaban con los bulos, pero ahora es la primera vez que un medio de comunicación desvela el alcance de la situación. Una menor declara al diario que «uno de sus compañeros se enfada si no se refieren a él como un gato, e incluso maúlla en lugar de responder a las preguntas con palabras». Y concluye: «A los profesores no se les permite enfadarse porque se considera discriminatorio». Esta joven culpa a las redes sociales del fenómeno y pide ayuda, ya que «está afectándonos a nosotros y también a nuestra educación».

La forma de gestionar estas situaciones por parte de las autoridades educativas es, cuando menos, complicada. El diario británico explica que, por ejemplo, el profesor del Rye College, que estaba dando clase de “educación para la vida” cuando se generó la polémica sobre la compañera que se identificaba como un gato, dijo al resto de alumnos: «hay muchos géneros, incluido el agénero, es decir, personas que no creen que tengan un género en absoluto». Al menos un par de estudiantes entraron en el debate argumentando que «si tienes vagina eres niña y si tienes pene, niño», y después le preguntaron a Sara: «¿Cómo puedes identificarte como un gato cuando eres una niña?». Fue entonces cuando el profesor los reprendió y amenazó por considerar que estaban cuestionando «la identidad» de la menor.

Ante las preguntas de los periodistas, el colegio se defendió diciendo: «estamos comprometidos con la educación inclusiva, pero revisaremos nuestros procedimientos para garantizar que tales eventos no ocurran en el futuro», dando a entender que el manejo de la situación por parte del profesor no fue adecuado. Y es que, aunque los centros educativos suelen tener protocolos para trabajar con los menores que se identifican como transgénero, no los hay para el caso de los «trans especie». Los profesionales dudan que este sea el caso, y apuntan a que hay algo más de fondo.

Señales de alerta

En declaraciones al diario, Tracy Shaw, de la Safe Schools Alliance (una organización que vela por la seguridad y la protección de la infancia en los colegios), aseguró que «los profesores deberían lidiar con este tema bajo los marcos de protección existentes. Si un niño viene a la escuela identificándose como un gato o un caballo, eso debería generar señales de alerta enseguida. Los profesores deberían preguntarse: ¿Qué ven estos niños en Internet o YouTube? ¿En qué redes sociales andan metidos? ¿Qué pasa en el hogar? ¿Qué pasa en la vida de ese niño y quién más está involucrado? El problema es que los profesores tienen un punto ciego por donde entra cualquier cosa que tenga que ver con la identidad, porque tienen miedo de hacer las cosas mal».

Tracy añadió, contextualizando el momento sensible que se vive socialmente con respecto a las identidades de género y el respeto a la diversidad: «Piensan que están siendo amables al reforzar estos comportamientos, pero no es así, porque muy probablemente se están perdiendo multitud de cosas importantes que tienen lugar en la vida de ese niño».


[1] Los “furries” son conocidos en castellano como “furros”. El nombre procede del inglés “furry”, que significa peludo o peluda. Los furros conforman toda una comunidad de alcances internacionales que gusta del género furry en el cual animales o cualquier otro tipo de criaturas son capaces de razonar, hablar y actuar como seres humanos. El furry fandom es un pasatiempo basado en el género furry, que se centra en el gusto por el contenido que gira o incluye animales antropomórficos, ya sea en novelas, cómics, programas animados, videos o arte en general.

Artículo original en BURBUJA Foro de Economía.