
Cirugía y tratamiento hormonal en disforia de género.
Isabel Coma Canella. Dra. en Medicina. Vicepresidenta de AGABI
Desde hace años se está tratando con hormonas o cirugía a niños y adolescentes con disforia de género, sin tener en cuenta que la disforia se soluciona en muchos casos con el paso del tiempo. Lo que no puede solucionarse es el tratamiento. Las intervenciones de género pueden alterar de forma permanente la función sexual, la fertilidad, la personalidad y causar futuras necesidades médicas. Las partes del cuerpo que han sido amputadas no pueden recuperarse. Y la fertilidad tampoco puede ser restaurada. La necesidad de medicación a largo plazo para tratar las consecuencias de esos productos no puede dar marcha atrás.
¿Cómo un adolescente puede entender lo que significa renunciar de por vida a su fertilidad por unos sentimientos que puede resolver por sí mismo si se le deja solo? Javier Urra, doctor en Psicología y Ciencias de la Salud, ha advertido en Press Digital que más del 20% de los que se han operado de cambio de género con menos de 18 años, quieren volver a su identidad anterior y, por ello, recomienda no recurrir a una intervención quirúrgica hasta cumplir la mayoría de edad.
Algunas personas, arrepentidas por haberse sometido a un cambio que con los años dejan de desear, optaron por el suicidio. La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales elaboró un estudio titulado «Investigación: Personas trans y educación no formal«, donde un 61,11% de las personas trans que participaron habían tenido ideación suicida, el 50% se habían autolesionado, y hasta un 16,6% habían intentado suicidarse.
Durante años los «expertos» han afirmado que el cambio de género a los jóvenes que lo piden está movido por la compasión, apoyado por la evidencia y guiado por el juicio médico. Y a los que hacen preguntas serias se les ha dicho que la ciencia es segura. Sin embargo, esta historia acaba de sufrir un cambio. Dos de las más importantes asociaciones médicas de EE.UU. (La Sociedad Americana de Cirugía Plástica y la Asociación Médica Americana) han declarado recientemente que van a poner límites al tratamiento de menores que piden la transición al género opuesto.
Estas dos asociaciones reconocen en su declaración que se ha tratado —sin fundamento científico— la disforia de género. La evidencia reciente ha encontrado limitaciones en la calidad de estudio, y los niños han pagado el precio. Se ha demostrado que muchos jóvenes olvidan, de forma natural, el deseo de cambiar de sexo que tanto añoraban cuando eran niños. Cuando la disforia es temporal, suele resolverse con el paso del tiempo sin necesidad de ser tratada. Esto deberían haberlo dicho las asociaciones médicas hace mucho tiempo, como la Asociación Estadounidense de cirujanos plásticos reconoce públicamente.
La declaración de los médicos es aplastante. No recomienda simplemente una investigación más cuidadosa. No se limita a decir: «adelante, pero podemos hacerlo mejor». Lo que dice es que no hay evidencia de mejoría recetando hormonas ni sometiendo a intervenciones quirúrgicas a niños y adolescentes. Así de claro.
En un mundo donde la juventud necesita permiso de los padres para tomar paracetamol en el colegio, es una locura que incontables jóvenes hayan sufrido intervenciones irreversibles sin estar basadas en la evidencia científica. Lo peor es que algunos colegios fomentan el cambio de género al preguntar a un niño que acude por primera vez si quiere seguir llamándose Juan o si prefiere llamarse Juana. Como si el sexo se pudiera elegir. Por decir algo «sin importancia», se ha empujado al suicidio a niños vulnerables con disforia de género.
Los defensores de la medicina de transición se inclinan hacia la autonomía. Dicen que si un adolescente sabe lo que quiere ser, los padres y los médicos deben afirmar lo que desea el niño, incluso con intervenciones permanentes. Pero las Asociaciones médicas no están de acuerdo con la autonomía. Los médicos no están obligados a facilitar intervenciones sin un perfil favorable de riesgo-beneficio, especialmente (como en el caso de cambio de género) cuando la capacidad de tomar decisiones todavía está en desarrollo.
Los adolescentes que sufren disforia de género carecen de la madurez necesaria para aceptar las consecuencias de una cirugía drástica o un tratamiento hormonal que altera su vida. ¿Cómo un adolescente de 16 años puede entender lo que significa renunciar de por vida a su fertilidad por unos sentimientos que puede resolver por sí mismo si se le deja solo?
En EE.UU. la gente, ahora adultos, que fueron tratados con intervenciones transgénero médicas o quirúrgicas que alteraron sus vidas cuando eran jóvenes, ahora están llevando a sus médicos y hospitales a juicio, y ellos son los ganadores. Actualmente hay docenas de juicios demandados por los que lamentan los procedimientos que sufrieron en su adolescencia. El 30 de enero de 2026 un jurado de New York concedió dos millones de dólares a una mujer que quedó desfigurada por una mastectomía durante su adolescencia. Sus médicos fueron declarados responsables de mala práctica, por haber aceptado que la cirugía irreversible era la mejor opción.
Los abogados defensores de esas intervenciones dicen que las compuertas se acaban de abrir. Muchos médicos que trataron de forma irreversible a personas transgénero deberán pagar millones de dólares por lo que hicieron. De momento solo se juzgan intervenciones quirúrgicas. Pero también hay intervenciones médicas que tienen a largo plazo un impacto tan negativo como los procedimientos quirúrgicos, como es la infertilidad de por vida.
Mucha gente olvida (o no sabe) que cada célula del cuerpo humano es masculina (XY) o femenina (XX). Por muchos tratamientos que la persona reciba, la realidad biológica es inmutable.