Medicina y Farmacia deben ir de la mano en el tratamiento de los pacientes.

    Medicina y Farmacia deben ir de la mano en el tratamiento de los pacientes.

Salvador González Moles y Ana Sánchez Cerviño

Con relativa frecuencia se escucha entre muchos pacientes que, en la actualidad, vivimos en una sociedad en la que el tratamiento que reciben se basa, fundamentalmente, en un modelo centrado en la prescripción farmacológica. Este comentario puede quizá deberse a dos razones: 1) el escaso tiempo con que cuentan bastantes médicos para tratar a los pacientes en sus consultas diarias, lo que impide una detenida escucha de la persona que le expone su dolencia; y 2) una presión comercial desmedida de los laboratorios farmacéuticos sobre los médicos.

Es un hecho que dichos laboratorios aplican diversas estrategias de marketing y presión comercial sobre los médicos para promocionar sus productos, incluyendo las visitas médicas, el uso de medios digitales como el e-detailing, la organización de congresos y conferencias, la financiación de investigación y la oferta de incentivos. Estas prácticas, si bien son legales, pueden influir en la prescripción de medicamentos y generan preocupación y desconfianza pública por la posible pérdida de objetividad en la toma de decisiones médicas, así como por un desvío en las prioridades de la investigación, al producirse una tendencia a presentar la ciencia de manera que favorezca la venta de productos, más que el avance del conocimiento y la atención sanitaria.

Los autores −un médico y una farmacéutica− hemos considerado que convendría a nuestra sociedad aclarar algunos puntos sobre cuál es la importancia de la Farmacología para la Medicina, y sobre la seriedad con que normalmente se trabaja en la ciencia que se dedica a estudiar los fármacos (medicamentos) y otras sustancias químicas, así como sus efectos en los organismos vivos.

 Remedios medicamentosos se han empleado desde los inicios de la Medicina tal como la conocemos. Se podría decir que sin la Farmacología no existiría la Medicina.

La ciencia farmacológica se ha estudiado en profundidad a través de fuentes bibliográficas que hoy resultan imprescindibles para su conocimiento y hay especialidades médicas y farmacéuticas creadas a tal fin. Actualmente, en todos los servicios sanitarios, también en los de Atención Primaria, hay personal especialista en el mundo del medicamento. Los hospitales cuentan con Servicios de Farmacología Clínica y Servicios de Farmacia. que trabajan al unísono para atender a los enfermos de la manera mejor a través de los fármacos más novedosos.

También existen innumerables tratados y fuentes secundarias —revistas científicas—, donde los profesionales estudian todos los aspectos relacionados con este campo de la Medicina. No solo están los tratados médicos generales, sino que también existen fuentes especializadas. Revistas médicas como The Lancet o el New England Journal of Medicine publican grandes ensayos clínicos sometidos a procedimientos estadísticos complejos, como los metaanálisis, que son tamizados por exigentes consejos de redacción.

Por otra parte, fuentes como el American Hospital Formulary Service, Martindale, The Extra Pharmacopoeia, o el Iowa Drug Information están presentes para consulta en los servicios mencionados de forma permanente. Otras más especializadas también son fuentes de consulta; por ejemplo, el Meyler’s Side Effects of Drugs, que es un tratado extenso y profundo sobre efectos adversos y teratogenia imprescindible en los centros de Farmacovigilancia.

Tanta es la trascendencia de la Farmacología que se han creado organismos y agencias encargados de la regulación del empleo de los medicamentos. Así en Europa está la Agencia Europea del Medicamento; en España la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (CIMA) que elabora las fichas técnicas de los medicamentos, y en los Estados Unidos la FDA (Food and Drug Administration). Además, están los Centros de Información de Medicamentos (CIM), casi todos con publicaciones periódicas propias, como Información Terapéutica del Sistema Nacional de Salud, dependiente del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social español, o el Boletín Terapéutico Andaluz del CADIME (Centro Andaluz de Información de Medicamentos), dependiente de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía y de la Escuela. Andaluza de Salud Pública. Esto solo por citar algunos ejemplos.

De extraordinaria importancia son las Comisiones de Farmacia y Terapéutica, que se reúnen mensualmente en el Servicio de Farmacia, junto con otros servicios médicos, a fin de revisar la guía fármaco-terapéutica del hospital y elaborar guías y protocolos basados tanto en la práctica clínica como en referentes internacionales, tales como el Natiotal Institute for Health and Care Excellence (NICE), que edita guías de fármaco-terapéutica continuamente consultadas, o la Organización Mundial de la Salud (OMS). Así mismo, la mayoría de los países cuentan con organismos que se encargan de la evaluación para promover el uso racional del medicamento. Estos organismos, como también la OMS, tienen comités de expertos que tratan y emiten recomendaciones imprescindibles sobre esta materia. Concretamente, sobre los mecanismos de acción, o cómo los fármacos interactúan con el cuerpo a nivel molecular y cómo afectan los procesos fisiológicos; la Farmacocinética, en la que se estudia la absorción, distribución, metabolismo y eliminación de los fármacos en el organismo; la investigación de cómo los fármacos afectan al cuerpo y producen sus efectos o Farmacodinamia; la aplicación de los fármacos para prevenir, curar o aliviar enfermedades y sus síntomas; y los efectos nocivos de los fármacos o  Toxicología.

No se puede dejar de mencionar el papel de la Industria Farmacéutica, que ha promovido y promueve la síntesis de nuevos principios activos financiando con fondos propios la investigación y los ensayos clínicos en sus distintas fases, dicho esto más o allá de los fines económicos legítimos de los laboratorios farmacéuticos. Otro aspecto de trascendencia es que, para la autorización de los ensayos clínicos con medicamentos −uni o multi-céntricos− siempre se requiere la asesoría de expertos que analicen las connotaciones bioéticas de tales ensayos, sobre todo si son prospectivos de casos y controles a doble o simple ciego.

La Medicina, pues, no se puede entender sin la Farmacología, que forma parte indivisible de los curricula en las facultades dentro del plan de formación de los médicos, farmacéuticos y demás profesionales de la salud. La Farmacología es, por lo tanto, el pilar de la prescripción racional, ya que proporciona las bases científicas para seleccionar el medicamento más adecuado, en la dosis correcta y durante el tiempo preciso, minimizando errores y reduciendo el riesgo de reacciones adversas.

Es preciso también hacer una reflexión sobre hacia dónde se dirigen la Farmacología y la Medicina. Los avances en Medicina de precisión y basada en la evidencia, impulsados por la Farmaco-genómica, la inteligencia artificial y el análisis masivo de datos clínicos, están transformando la manera en que se diseñan, evalúan y aplican los tratamientos. Hoy en día, combinando la Farmacología y la Genómica, es posible desarrollar tratamientos personalizados; es decir, determinar científicamente el fármaco más adecuado y la dosis correcta para cada individuo, con el fin de aumentar la eficacia de los tratamientos y prevenir reacciones adversas.

Bioética del medicamento.

      Bioética del medicamento.

Para finalizar, se añaden algunas precisiones bioéticas pertinentes sobre el desarrollo, la prescripción y el uso de los medicamentes, que afectan a todos los protagonistas implicados. En investigación farmacéutica, es imprescindible asegurarse de que los ensayos clínicos se realicen protegiendo la seguridad y los derechos de los participantes mediante el consentimiento informado. En la prescripción y dispensación de los fármacos, los profesionales deben seleccionar y entregar medicamentos de forma responsable, basándose en la evidencia científica y las necesidades del paciente, y no en intereses comerciales; es preciso también que los profesionales eduquen y guíen a los pacientes para un uso seguro, responsable y eficaz de los medicamentos, evitando la automedicación inadecuada, así como convertir su casa en una “mini-farmacia”.

Los autores:

Salvador González Moles. Dr. en Medicina y especialista en información de medicamentos del CADIME, jubilado y Ana Sánchez Cerviño. Graduada en Farmacia y en Biotecnología. Especialista en Farmacia Hospitalaria del Hospital Puerta de Hierro de Madrid.