Isabel Coma Canella. Dra. en Medicina. Vicepresidenta de AGABI

El aborto es un crimen y no una solución.

   El aborto es un crimen disfrazado de una solución.     

La cultura de la muerte no cesa en España y el número de asesinatos aumenta cada año. Según los datos oficiales, en 2024 hubo 348 homicidios en nuestro país. Pero en realidad hay muchos más, porque en los datos citados no se tiene en cuenta el aborto provocado, que es la primera causa de homicidio intencionado con mucha diferencia respecto a las demás. A este homicidio el diccionario de la Real Academia lo llama filicidio, ya que se mata al propio hijo.

En una era donde la natalidad está bajo mínimos, Mónica García, ministra de Sanidad, presume de que el año pasado (2024) 106.172 mujeres decidieron frenar el crecimiento de su feto y quitarle la vida. Esto supone 3.075 abortos más que en 2023.

En una rueda de prensa para presentar los datos de los abortos de 2024, la ministra lamentó que el 82% de esos procedimientos se realizaran en centros privados, puesto que suponen 83.609 cirugías (563 menos que en 2023). Para ella se trata de «un descenso leve, pero no suficiente». Y es que para la titular de la cartera de Sanidad –que además es médico–, lo ideal sería que la mayor parte de los abortos se realizaran en hospitales públicos. Sin embargo, la mayor parte de los doctores lo rechaza, ya que los médicos están «para salvar vidas, no para quitarlas». Además, si la sanidad pública realizara todos los abortos, la espera de los enfermos a ser atendidos aumentaría considerablemente. En este caso solo los que pueden pagar la sanidad privada estarían bien atendidos.

En la Antigua Roma (y mucho después) las mujeres eran consideradas inferiores a los varones, pero no existía la ecografía para saber si el feto era varón o mujer. Las familias que no querían tener una niña, esperaban al nacimiento para tirar a la basura la recién nacida. Tenían que esperar a que naciesen para matarlas.

En pleno siglo XXI hasta los más incultos saben que el ser humano comienza a existir cuando un espermatozoide penetra en un óvulo, formando un cigoto. Esta persona llamada cigoto ha heredado de sus padres un código genético único e irrepetible. Es un nuevo ser humano con el mismo derecho a la vida que cualquiera de los ya nacidos.

La mayoría de las mujeres que se someten a un aborto voluntario sufren leves consecuencias físicas y graves consecuencias psicológicas (ansiedad, depresión, sentimientos de culpa). Por mucho que el aborto se haya declarado legal en el siglo XXI, no deja de ser un homicidio en el que la madre mata o pide que maten a su hijo.

La legalización de esta práctica es un claro indicador de la inmoralidad de las personas de este siglo. Si los avances científicos no se acompañan de un mayor conocimiento moral, estamos retrocediendo en lo más importante. Los que vengan detrás llamarán a nuestro siglo el de la mayor barbarie de la historia conocida.

Las consecuencias del aborto pueden ser físicas (hemorragias, infecciones o perforación uterina), psicológicas (ansiedad, depresión y sentimientos de culpa), o de salud reproductiva, como la complicación de embarazos futuros. No hay por qué ocultar todo esto a la mujer que pide abortar, del mismo modo que ante cualquier otra intervención quirúrgica el paciente debe firmar que conoce las posibles complicaciones de dicha intervención. Con el avance de la ciencia las consecuencias físicas de la cirugía van siendo cada vez menores, pero toda mujer debe saber que las consecuencias psicológicas, en el caso del aborto provocado, pueden durar toda la vida.