
En la cirugía estética no es oro todo lo que reluce.
Hasta el 68% de los profesionales de la cosmética que administran inyecciones como Botox no son médicos calificados, según un análisis de la industria de inyectables cosméticos del Reino Unido realizado por investigadores del University College London .
El estudio, publicado en la Revista de Cirugía Plástica, Reconstructiva y Estética, es la primera encuesta del Reino Unido sobre quién proporciona servicios cosméticos inyectables, como toxina botulínica (Botox) y rellenos dérmicos.
Los académicos encuestaron 3.000 sitios web e identificaron 1.224 clínicas independientes y 3.667 profesionales. De las profesiones representadas, el 32% eran médicos, el 21% enfermeras y el 24% dentistas. De los 1.163 médicos identificados, el 41% estaban registrados como especialistas y el 19% como médicos de cabecera. Entre las 27 especialidades representadas en el registro de especialistas, la cirugía plástica fue el grupo más numeroso (37 %), seguido de la dermatología (18 %).
Se prevé que el mercado de inyectables del Reino Unido alcance los 11.700 millones de libras esterlinas para 2026, pero, en la práctica, este mercado no está regulado. El gobierno del Reino Unido lanzará una consulta pública sobre la industria en agosto. Se espera que las recomendaciones se incluyan en las enmiendas a la Ley Médica en 2024.
El Dr. David Zargaran, coautor del estudio, señala: «La variedad de antecedentes abre una pregunta más amplia relacionada con la competencia y el consentimiento. Uno de los desafíos clave que enfrenta el esquema de licencias del gobierno es garantizar que los profesionales a los que se otorga una licencia posean las habilidades y la experiencia necesarias para administrar su tratamiento de manera segura y minimizar los riesgos para los pacientes».
Un segundo estudio de los mismos autores publicado en julio encontró que el 69% de los encuestados había experimentado efectos adversos duraderos, como dolor, ansiedad y dolores de cabeza.
La profesora Julie Davies, coautora, comentó: «La industria de los inyectables cosméticos del Reino Unido se ha expandido rápidamente en los últimos años. Esto ha sucedido en gran medida sin escrutinio ni supervisión. Nuestros hallazgos deberían ser una llamada de atención para que los legisladores implementen una regulación efectiva y estándares profesionales para proteger a los pacientes de las complicaciones. Aunque los riesgos asociados con las inyecciones suelen ser leves y temporales, las complicaciones físicas pueden ser permanentes y debilitantes. También hay serias consecuencias psicológicas, emocionales y financieras para los pacientes cuando los procedimientos salen mal».
BioEdge informa también de lo que ocurre en Australia.
En el estado de Victoria (Australia) está pendiente de salir a juicio una demanda colectiva de casi 1000 pacientes. Los acusados son el famoso cirujano estético jubilado Daniel Lanzer y seis asociados. Hace solo un par de años, en 2021, el Dr. Lanzer y uno de los otros acusados, el Dr. Daniel Aronov, eran famosos en las redes sociales. Dr. Lanzer tenía su propio programa de televisión y 5,5 millones de seguidores en TikTok, donde el Dr. Aronov tenía 13 millones.
Una investigación de los periódicos ABC Four Corners y Nine halló que hubo graves fallos de seguridad en la cadena de clínicas del Dr. Lanzer, los cuales afectaron a la salud de los pacientes. Varios de ellos declararon haber sufrido dolor extremo después de sus procedimientos. Entre las supuestas lesiones se encuentran: “deformidades, daño a los nervios, trauma psicológico, pérdida de movimiento y funcionalidad de las extremidades”. Los acusados han negado haber actuado mal.
Según el ABC, la investigación “desencadenó una serie de críticas a los médicos y al sector de la medicina estética en general debido a varias normas y leyes erróneas, que permitían instalaciones cuestionables para operaciones, así como médicos con un título básico o una capacitación quirúrgica limitada para llamarse a sí mismos cirujanos estéticos, a pesar de que no son cirujanos especialistas registrados legalmente, pues los cirujanos plásticos reciben entre ocho y doce años de formación quirúrgica de posgrado”. Sin embargo, a pesar de algunas enmiendas menores a las regulaciones que rigen la cirugía estética, los operadores turbios siguen trabajando en esta industria “que mueve 1.400 millones de dólares australianos anuales, afirma ABC.
AGABI añade:
La Sociedad Española de Medicina Estética (SEME) lucha desde hace años contra el intrusismo profesional que sufre el sector con el objetivo de garantizar los derechos sanitarios de todos los pacientes. Prácticamente a diario se conocen nuevos casos de intrusismo lo que supone una grave falta de seguridad y control en las prácticas médico estéticas. Según los últimos estudios de la SEME más de un 30% de los casos de intrusismo tienen lugar en centros estéticos sin licencia, un 16% en peluquerías y un 14% por esteticistas autónomas que realizan los tratamientos en sus propias viviendas.