Neurallink, emprsa de Elon Musk, ha implantado un chip cerebral en un paciente humano. Ilustración: Vandal Random.

Neuralink, empresa de Elon Musk, ha implantado un chip cerebral en un paciente humano. Ilustración: Vandal Random.

Albert Cortina Ramos

El multimillonario Elon Musk ha anunciado que su compañía Neuralink, dedicada al desarrollo de un novedoso interfaz cerebro-computadora, ha implantado su primer dispositivo en un paciente. El chip cerebral, al que ha llamado ‘Telepatía’, fue colocado el domingo y, según el empresario, permitirá controlar un teléfono o una computadora «simplemente pensando».

Estás son las ideas fundamentales de mi reciente entrevista en la COPE :

  • Actualmente, hay bastantes laboratorios de neurotecnología que llevan tiempo trabajando en diferentes especies animales. Es posible implantar un “chip” en el cerebro humano. Parece que Neurolink lo ha conseguido. Lo fundamental con este tipo de neurotecnologías es saber cuál es su objetivo o propósito, es decir, en qué ámbito se mueven. A mi entender hay cuatro posibilidades:
  1. Que se circunscriba al ámbito de la salud (científico-médico). En este caso, será de gran utilidad para que los pacientes de algunas enfermedades (p.ej. ELA) ganen calidad de vida. También para que algunas personas con importantes deficiencias sensoriales (p. ej. ciegos) se recuperen. Cuando se mueve con estos objetivos, la neurotecnología no tiene implicaciones éticas negativas.
  2. Cuando lo que se pretende es simplemente “el mejoramiento”, es decir, aumentar las capacidades de una persona sana, que es una de las finalidades del Transhumanismo, hay una gran probabilidad de aumentar las desigualdades e injusticias entre la gente.
  3. El otro objetivo que pueden tener estas neurotecnologías es el “biopoder”, en otras palabras, la pretensión de usarlas para leer e inducir pensamientos con el fin de controlar a una persona o a un grupo. Se comprende fácilmente que este objetivo lesionaría gravemente la privacidad y la libertad del individuo.
  4. Por último, puede existir el objetivo de transmigrar datos cerebrales a un soporte no biológico. Pensemos, por ejemplo, en un moribundo que desea trasmitir todos sus pensamientos, recursos, etc., a un ordenador.

Estas tres últimas utopías futuristas o distópicas, en las que se actúa en el cerebro desde fuera hacia adentro, no son éticamente aceptables. En primer lugar, porque se lesiona la dignidad de la persona. Pero, además, porque inducen a querer originar “entidades” como un cerebro global o una “mente colmena” donde estuviesen conectadas muchas mentes, que gobernasen el mundo a través de un gobierno en manos de unos pocos, es decir, un régimen totalitario absolutamente opuesto a la democracia.

La neurotecnología, como toda tecnología, es ambivalente: puede usarse para hacer el bien o hacer el mal. Todo depende de la intención de quien la maneja. Es importante conocer en manos de quien está, porque no suelen ser iguales los intereses del sector público que los del privado.

Ante el presente y el futuro desarrollo de estas técnicas, la solución es la anticipación. A este respecto debemos actuar con urgencia, pues las cosas transcurren a gran velocidad. Se trata de desarrollar un marco ético, jurídico, democrático e internacional que defina los límites en que debe moverse estas prácticas neurotecnológicas. Ese marco debería proteger la libertad cognitiva, la privacidad e integridad mental y la continuidad psicológica, es decir, garantizar que la identidad personal no se vea comprometida.

En el sentido de la neuroprotección, un grupo de senadores de la Comisión de Desafíos del Futuro del senado de Chile ha presentado un proyecto de ley para regular la figura de los llamados “neuroderechos” y, de manera simultánea, un proyecto de reforma para su incorporación en la Constitución. En su artículo 2, letra D, se definen los neuroderechos como “nuevos derechos humanos que protegen la privacidad e integridad mental y psíquica, tanto consciente como inconsciente, de las personas del uso abusivo de neurotecnologías”.

Albert Cortina Ramos, abogado, escritor, profesor del departamento de Ciencias Básicas de la Universidad Internacional de Cataluña y experto en ética de las tecnologías emergentes.