Poesía

  Poesía

Salvador González Moles

La poesía es un importante vehículo para explicar la verdad del ser humano. Ella, a través de la emoción, llega del corazón a la mente y la razón moviendo hilos invisibles. No hay nada más humano que la palabra que nos distingue de otros seres haciendo que se estimulen las emociones de manera impensable.

A la explicación del dolor −del dolor psíquico también− quien mejor puede acercarse es el que lo padece. Explicarlo a través de la poesía es un arma que aún no se ha dado a conocer, debido, a estas alturas, a la imposibilidad de medición objetiva del dolor psíquico, aún más si no hay enfermedad diagnosticada, como ocurre a menudo. La comprensión del dolor, en especial del dolor psíquico, implica un ejercicio de abstracción al que la poesía puede ayudar traspasando los aspectos somáticos, que también es muy posible estén presentes, como demuestra la práctica clínica.

Manos clementes

 Manos clementes

De la poesía también se ha dicho que tiene efectos terapéuticos calmantes, no solo en quien la escribe, porque el poeta sufriente es muy proclive a hacer un ejercicio solidario de compasión con los que sufren como él. Así, tal vez, estos protagonistas serán capaces de comprender el proceso doloroso que padecen, porque está comprobado que se sufre mejor en compañía que solo, principalmente si el compañero es alguien que entiende bien el padecimiento por su propia experiencia.

En las salas de espera de los hospitales, sobre todo en el hospital de día, se establecen vínculos entre los pacientes a través de la compasión. Y si ésta viene envuelta en la belleza de la poesía, que levanta el velo a lo más hermoso, y se ha dicho también que nos hace mejores al final, puede explicarse cómo la poesía es posible que permee, de lleno, el terreno de la Bioética.

En resumidas cuentas, la poesía ofrece un espacio único para explorar y expresar la experiencia de la enfermedad y el dolor psíquico, tanto para quienes los padecen como para aquellos que buscan comprenderlos mejor. Puede ser, así mismo, una herramienta terapéutica poderosa, que ayude a reducir la ansiedad y la depresión, mejorar la autoestima, y fomentar la relación con uno mismo, con los demás, y con el medio ambiente. La poesía puede también aliviar la sensación de estar en un escalón inferior al del profesional, que escucha y prescribe el tratamiento. Todos estos efectos contribuyen a mejorar de manera ostensible la comunicación y la comprensión del problema.

Es este un camino todavía poco desarrollado y no del todo comprendido. Sin embargo, el solo conocimiento de estas relaciones constituye el inicio de un prometedor camino, casi inexplorado, del alivio del dolor. Merece la pena entonces adentrarse en estos bellos parajes de la palabra que podría llevar a efectos beneficiosos sorprendentes.

En el poemario escrito en castellano existen numerosos ejemplos de poemas dolientes: “Umbrío por la pena” y “Un carnívoro cuchillo” de Miguel Hernández; “Mañana será Dios” de Juan José Domenchina, son, entre otros, tres buenos ejemplos que se pueden traer aquí a colación. 

No obstante, y sin menoscabo de la belleza y profundidad de los poemas citados, he preferido usar aquí uno de mi autoría, que expongo y comento brevemente.

COMO EL DE CIRENE

Si sufres tú también mira en mis ojos
tu imagen que está impresa
en la profundidad de mis retinas,
pues no fue tu dolor indiferente
al dolor que padezco, y a tu lado
me conmueve tu rictus
y tu piel, que es espejo de la mía.
Sigamos en la senda, así podremos
andar sobre las huellas de otros muchos
que encontraron en ella
La Luz en el futuro,
tras el momento incierto
en el dominio oscuro del sufrir.
Mírame las pupilas compasivas
mientras miro las tuyas con mi rostro
y no estaremos solos.
Nunca estaremos solos y el silencio
tornará, inmaterial, en el abrazo.

Salvador González Moles, agosto de 2025

Este poema tiene la estructura de una silva que es, como escribe el profesor José Domínguez Caparrós en su Diccionario de Métrica Española, una combinación poética de versos endecasílabos y heptasílabos con rima en consonante dispuesta a juicio del autor. Otros tipos  de silva son la asonante o arromanzada y la Silva libre, sin rima. Ésta última es la escogida por el autor de “Como el de Cirene” — el Cireneo—, que es el personaje evangélico al cual encargaron los soldados romanos ayudar a Jesús a llevar la cruz hasta el monte Calvario, lugar donde fue crucificado.

En los primeros versos se presenta el autor, que está al lado del otro que sufre como él y le invita a mirar su propia imagen en el fondo de su retina. La retina no se ve a simple vista desde el exterior, pero es una metáfora de la interioridad donde ya se aloja el dolor del compañero. Se establece aquí el primer vínculo entre los dos pacientes. ¡Cuántas veces se habrá dado esta escena en las salas de espera de los hospitales!: Dos enfermos sufriendo juntos uno al lado del otro. A través del propio dolor, el autor no es indiferente al sufrimiento de su interlocutor y compañero. El artífice se conmueve con él porque lo comprende. Una intelección que nace y se consolida al observar el rictus de dolor en su rostro y su piel blanquecina, donde se ve reflejado como en una imagen especular. Es éste el momento en que le conmina a levantarse y a comenzar a caminar por la senda del dolor compartido, —la Vía Dolorosa—, siguiendo las huellas de los que pasaron, en las mismas circunstancias, por ella. Emplea ahora el autor una contundente metáfora: la de la Vía Dolorosa real de Jerusalén, que condujo al Monte Calvario y de allí a los espacios luminosos del Monte Tabor, tras los momentos de incertidumbre. El autor habla de esos espacios y los transforma en ámbitos para la Esperanza, donde el alivio del dolor de los dos, tal vez incluso la sanación, constituye el centro retórico del poema.

Los dos protagonistas saben que, aun en silencio, que ya no estarán solos, porque todo el diálogo se ha hecho con las miradas. Al final, el  silencio es un símil metafórico del abrazo que se dan antes de despedirse y cada uno ir a su consulta a recibir sus respectivos tratamientos. Pero quizás ya no se vayan en soledad, pues se sienten acompañados y comprendidos por el compañero que ha conocido y que sufre como él.

Una mirada compasiva

             Una mirada compasiva. Copyright: Julio Bevione

A veces, inmersos en la ciencia y la investigación experimental en las que se apoya fundamentalmente la medicina y la enfermería, se impide trascender a otras dimensiones de la persona humana; por ejemplo, las capacidades del corazón que pueden ser terapéuticas, porque como señala Maria Dolores Espejo, «la emoción mueve hilos invisibles y reales, que nuestro mundo materialista intenta ahogar».

Fuentes

– Álvarez, Álvarez, Eulalia. 2023. “La Bioética hecha poesía”. Fundación de Bioética Ed. 3ª Edición. 2023. Presentación del poemario, María Dolores Espejo Arias (Fundación Andaluza de Investigación Bioética).
– Méndez, Juan Carlos. 2019. “Revisión del dolor psíquico. Una mirada a su condición actual”. Revista chilena de neuro-psiquiatría. vol. 57 (2). Santiago. Versión On-line https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sciarttext&pid=S0717-92272019000200176 (visitada 08/2025).

Sobre el autor

Salvador González Moles es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Granada. Licenciado en Odontología por la Universidad de Granada. Jubilado del Cuerpo Superior Facultativo de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía. Jefe-Coordinador del Departamento de Urgencias del Hospital del Castro de Vigo. Y apasionado escritor.