España a la cola de Europa en implantar Unidades de Cuidados Paliativos.

           España a la cola de Europa en implantar Unidades de Cuidados Paliativos.  

La Medicina ha avanzado notablemente, sobre todo en los últimos siglos, de modo que en la actualidad se pueden curar muchas enfermedades, intratables hasta hace poco tiempo. Aunque no todas se curan, existen muchos medios para disminuir los síntomas, aliviar el sufrimiento, mejorar el estado psíquico del paciente y, en algunos casos, aumentar el tiempo de supervivencia. Es un error pensar que, cuando los médicos no podemos curar, la medicina ya no tiene ningún papel; pero sigue siendo fundamental el cuidado y acompañamiento de los pacientes. Otro error es que se ofrezca un tratamiento con efectos secundarios graves y escasa o nula esperanza de curación, aunque el paciente lo solicite, pues de esa manera puede caerse en el encarnizamiento terapéutico.

Desde que existen las Unidades de Cuidados Paliativos, la situación de los enfermos que se benefician de ellas ha mejorado considerablemente. Estas unidades están formadas por un equipo multidisciplinar que incluye médicos, enfermeros, psicólogos y trabajadores sociales. Este equipo acompaña al paciente y a su familia desde que el momento en que es diagnosticado de una enfermedad grave e incurable hasta su muerte.

Se calcula que el 75% necesitaremos Cuidados Paliativos al final de nuestra vida y que un 35% de quienes actualmente los necesitan, mueren sin recibirlos (1).

El problema es que no hay suficientes Unidades de Paliativos en España para atender a todos los pacientes que las solicitan. Es un gravísimo error haber legalizado la eutanasia antes de que haya el número necesario de estas Unidades.

En algunas zonas de nuestro país, pero no en todas, hay equipos de Paliativos bien organizados. Estos equipos están muy desigualmente cubiertos, no solo entre distintas comunidades, sino entre las mismas comunidades e incluso dentro de una misma ciudad.

 La eutanasia, también llamada muerte o suicidio asistido, no deja de ser antihumana, aunque se haya legalizado en España. Resulta mucho más fácil y económico acabar con la vida del paciente inyectándole un fármaco letal que atender a sus necesidades físicas y psíquicas durante semanas o meses. Pero todo ser humano tiene derecho a ser atendido lo mejor posible durante el tiempo que sea preciso, sin verse obligado a pedir le inyecten un veneno que acaba con su vida en muy poco tiempo.

Es muy improbable que un enfermo continúe solicitando la eutanasia después de experimentar el cuidado y el cariño con que es tratado en una Unidad de Paliativos; después de que haya desaparecido el intenso dolor que antes tenía; después de haber podido dormir durante horas seguidas, además de disfrutar de la compañía de familiares y amigos a lo largo del día.

Durante siglos los estudiantes de Medicina han hecho el juramento hipocrático al terminar la carrera, diciendo en voz alta ante cientos de testigos que nunca administrarían un fármaco mortal, aunque se lo pidiese el enfermo. La eutanasia o suicidio asistido, no es un acto médico.

 He tenido la oportunidad de dar algunas conferencias sobre la eutanasia. Hay una pregunta muy frecuente que refleja la idea equivocada de quienes creen que la sedación terminal es una forma de eutanasia. Está indicado sedar a los pacientes cuando están cerca de la muerte y sufren síntomas intratables que les producen angustia. La sedación no los mata, sino que disminuye los síntomas. De hecho, algunos viven durante más de 48 horas después de haberla recibido, a diferencia de la eutanasia que mata en pocos minutos.

Otra idea equivocada es llamar a la eutanasia sedación. Hace poco acompañé a una enferma en un hospital de la Seguridad Social durante el postoperatorio de varios días. Su compañera de habitación era una señora de unos 85 años que llevaba varios días en coma; su hija no hacía más que quejarse de que no la sedaran, a pesar de haberlo solicitado. Por fin la llevaron a otra habitación donde según su hija la sedaron y falleció en veinte minutos. En realidad, le practicaron la eutanasia. Además, si estaba en coma, no necesitaba sedación.

Según Galíndez, uno de los grandes retos de la atención paliativa es hacer frente a la falta de profesionales. «El 50% de las universidades no tiene formación en Cuidados Paliativos. Nuestros profesionales sanitarios están excelentemente preparados para tratar enfermedades, pero tenemos que hacer equipos también preparados para ayudar en procesos de enfermedad grave e incurable».

En definitiva, es necesario conseguir que en nuestro país haya suficientes Unidades de Cuidados Paliativos para atender a todos los enfermos que las solicitan. Más inversión, más profesionales y más apoyo a las familias son las prioridades para mejorar esta atención, que va más allá de las últimas horas. Hay que dar calidad de vida hasta el final.