
Cada vida es un regalo que debe ser protegido y respetado.
El día 22.10.24 el Faro de Vigo informa sobre esas restricciones, ya que en Portugal se prohíbe el aborto después de las primeras diez semanas de gestación, mientras que en España el límite es de catorce. Se dice también que en Vigo el aborto está completamente cubierto por la sanidad pública. Tanto la pastilla abortiva como la cirugía están costeadas por el SERGAS en nuestra área sanitaria. Sin embargo, a las portuguesas se les cobra 690 euros por abortar en Vigo.
Esto se dice con orgullo, como un adelanto de nuestra sanidad sobre la de Portugal. Deberíamos decirlo con vergüenza, ya que les estamos ofreciendo el infanticidio de su propio hijo a cambio de dinero. A las madres del área sanitaria de Vigo les ofrecemos matar a sus hijos gratuitamente, es decir: lo cubre la Seguridad Social con el dinero de todos. Y el aborto quirúrgico lo practican ginecólogos especializados en abortos.
Esto ocurre en pleno siglo XXI, cuando la ciencia ha demostrado con absoluta certeza que el ser humano empieza a existir en el momento que un espermatozoide penetra en un óvulo, unos quince días antes de que el cigoto se implante en el endometrio (la capa interna del útero). El cigoto es un ser humano de una sola célula con un núcleo y 46 cromosomas: 23 del padre y 23 de la madre. Esa célula contiene toda la información genética necesaria para desarrollarse a lo largo de las distintas etapas de la vida: cigoto, embrión, feto, bebé, niño, adulto, anciano.
Decir que la mujer tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo es algo razonable cuando hablamos de quitarle una muela, un tumor o cualquier otra enfermedad. Ella se puede negar ya que nadie está obligado a someterse al consejo médico. Pero en el caso del embarazo no se trata de su propio cuerpo, sino del cuerpo de su hijo, que se desarrolla en el seno de su madre durante unos meses. Durante ese tiempo es un ser tan frágil que necesita la mayor protección posible, la que solo una madre puede dar a su hijo.
En contra de una opinión, lamentablemente bastante extendida, el aborto no es un derecho. Sigue siendo una derogación del respeto a la vida -desde su inicio- protegido por el artículo 15 de nuestro Código Civil. “Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradante”. Además, la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, en su artículo segundo, declara: “Toda persona tiene derecho a la vida”. El principio es la prohibición de matar, que se sanciona penalmente. Si se permite la supresión de los niños en gestación de acuerdo con las condiciones establecidas por la ley, es a modo de excepción. Hablar de un derecho al aborto es un abuso del lenguaje. Sólo hay despenalización, una tolerancia que sigue siendo una transgresión.
Por otra parte, como enseña la experiencia, el aborto deja huellas psicológicas con las que es difícil vivir.
Cada vida es un regalo que debe ser protegido y respetado.
Isabel Coma Canella. Doctora en Medicina. Vicepresidenta de AGABI.